Leslie Basham: Aquí está la autora y maestra, Nancy Leigh DeMoss.
Nancy Leigh DeMoss: ¿Alguna vez tienes la sensación de que si no gritas, tus hijos no van a entender? Bueno, así es como luce a corto plazo, pero a la larga, “la dulzura de palabras aumenta la persuasión” (Proverbios 16:21).
Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
Hoy Nancy continúa en la serie El poder de las palabras, aprenderás cómo expresar el amor a través de las cosas que dices cada día. Descubre como tu amor puede ir más allá del sentimiento que se pudiera expresar en una tarjeta.
Primero, un anuncio. Este año el Domingo de Resurrección será el 27 de abril. Te invitamos a preparar tu corazón en las semanas previas a la Pascual enfocándote en Jesús. Nancy estará enseñando a …
Leslie Basham: Aquí está la autora y maestra, Nancy Leigh DeMoss.
Nancy Leigh DeMoss: ¿Alguna vez tienes la sensación de que si no gritas, tus hijos no van a entender? Bueno, así es como luce a corto plazo, pero a la larga, “la dulzura de palabras aumenta la persuasión” (Proverbios 16:21).
Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
Hoy Nancy continúa en la serie El poder de las palabras, aprenderás cómo expresar el amor a través de las cosas que dices cada día. Descubre como tu amor puede ir más allá del sentimiento que se pudiera expresar en una tarjeta.
Primero, un anuncio. Este año el Domingo de Resurrección será el 27 de abril. Te invitamos a preparar tu corazón en las semanas previas a la Pascual enfocándote en Jesús. Nancy estará enseñando a través de una serie llamada, El Cristo incomparable, a partir del 5 de marzo. Ella seguirá el bosquejo del libro “El Cristo incomparable”, de J. Oswald Sanders. Este libro tuvo un gran efecto en su celebración de la época de Pascua hace unos años, y le dio la idea de crear una serie especial basada en este libro.
Ahora, de vuelta a nuestra serie actual, El poder de las palabras.
Nancy: La vida y la muerte están en poder de la lengua. Es increíble la gran bendición y el gran daño que se puede hacer por las palabras que hablamos.
En las últimas sesiones, hemos estado viendo en el libro de Proverbios cómo obtener sabiduría del mismo corazón de Dios y aplicarla a nuestras lenguas. Hemos estado hablando sobre ciertos tipos de palabras que Dios quiere que nosotras hablemos, que las personas sabias expresan, y hemos estado viendo ciertos tipos de palabras que las personas necias hablan.
Hoy nos encontramos con un tema que ha sido una convicción para mi propio corazón mientras he estado leyendo a través del libro de Proverbios. Es la diferencia entre las palabras suaves y las palabras duras o ásperas. Hay muchas palabras diferentes en Proverbios que hablan acerca de las palabras suaves, de las palabras amables, palabras agradables, palabras dulces, y el contraste es con las palabras que son duras o ásperas.
Todas estamos familiarizadas con ese versículo en Proverbios capítulo 15, el versículo 1, que dice “La suave respuesta aparta el furor, mas la palabra hiriente hace subir la ira”.
Hay una poderosa ilustración de contraste entre estos dos tipos de palabras en el libro de Jueces también. Así que permítanme pedirles que vayan en su Biblia a Jueces capítulo 8. Luego iremos al capítulo 12, por lo que quizás quieras marcar con tu dedo allí.
En ambos casos los hombres de Efraín, una de las tribus de Israel, estaban involucrados. Vas a ver en ambos casos que los hombres de Efraín eran furiosos, eran personas fáciles de ofender. Verás eso en ambos casos.
En Jueces capítulo 8 de, versículo 1 dice: “Entonces los hombres de Efraín le dijeron [a Gedeón], ‘¿Qué es esto que nos has hecho…?’” Ahora Gedeón acababa de ganar una batalla en el poder del Señor contra los madianitas, y los hombres de Efraín le llamaron la atención.
Ellos deberían haberle felicitado por lo que él había hecho para ayudar a la nación de Israel, pero en vez de eso ellos tenían una queja contra él. Ellos le dijeron, “¿Qué es esto que nos has hecho, al no llamarnos cuando fuiste a pelear contra Madián?” (Jueces 1:8). Ellos le reprendieron bruscamente. Estas fueron palabras de pelea. Ellos estaban indignados. Ellos estaban ofendidos.
Así que Gedeón les dijo, en el versículo 2: “¿Qué he hecho yo ahora en comparación con vosotros? ¿No es mejor el rebusco de Efraín que la vendimia de Abiezer?” De allí vino Gedeón. Entonces, ¿qué les estaba diciendo Gedeón? “Miren, yo soy nada comparado con ustedes.” Ellos lo estaban castigando. Ellos lo estaban reprendiendo.
Pero Gedeón dice en el versículo 3, “Dios ha entregado en vuestras manos a los jefes de Madián, Oreb y Zeeb; ¿y qué pude haber hecho yo en comparación con vosotros?” Así que él toma el camino de la humildad. Él les da una respuesta suave. Él desactiva su ira con una palabra humilde, y la Escritura dice al final del versículo 3, “Entonces se aplacó la ira de ellos contra él cuando dijo esto”.
Pero ahora vamos a Jueces capítulo 12. Cuatro capítulos después ves a los hijos de Efraín que una vez más están enojados. Versículo 1 del capítulo 12: “Los hombres de Efraín se reunieron y cruzaron el Jordán hacia el norte, y dijeron a Jefté: ‘¿Por qué cruzaste a pelear contra los hijos de Amón sin llamarnos para que fuéramos contigo? Quemaremos tu casa sobre ti.’” Pero Jefté respondió diferente de Gedeón. Gedeón respondió con una respuesta humilde, una respuesta suave que aplacó la ira de los de la tribu de Efraín.
Pero ahora, mira como Jefté respondió. Él dijo en los versículos 2-3, “Yo y mi pueblo estábamos en gran contienda con los hijos de Amón, y cuando os llamé, no me librasteis de sus manos. Viendo, pues, que no me ibais a librar, arriesgué mi vida y crucé contra los hijos de Amón, y el Señor los entregó en mi mano. ¿Por qué, pues, habéis subido hoy a pelear contra mí?”
¿Ves la diferencia en su acercamiento? Él está a la defensiva. Él fue atacado al igual que Gedeón, pero él regresa en modo de ataque. ¿Y que tenemos ahora? A dos personas preparadas para atacar. El resultado es inevitable. Habrá una batalla y efectivamente la hubo.
Versículo 4: “Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y peleó contra Efraín.”Ahora había una enorme pérdida de vidas. ¿Ves el contraste aquí? En ambos casos, Gedeón y Jefté ambos enfrentaron palabras ásperas. La diferencia estuvo en cómo ellos respondieron a aquellas palabras ásperas. En un caso—el caso de Gedeón —él aplacó la situación del enojo. En el caso de Jefté, se desató una guerra.
Ahora, ¿eres tú más como Gedeón o como Jefté cuando respondes a las palabras hirientes, a las palabras crueles que se te dicen o cuando te atacan? A lo largo de Proverbios vemos este énfasis en tener palabras que sean amables, agradables, y dulces.
Creo que este es uno de los temas que las mujeres de hoy en día particularmente necesitamos escuchar. Si ves cualquier cantidad de televisión —y espero que no veas mucha si la ves. Una de las cosas que simplemente se filtra en tu sistema es la manera en que hablan las mujeres en muchos de los programas de televisión hoy en día. Se filtra en nuestra cultura. Mujeres hablando rudamente, ásperamente, hablando basura.
Es aún cierto, me parece, entre mujeres cristianas de hoy. El hablar crudo, áspero, el hablar dominantemente. Cualquier cosa menos palabras suaves y dulces y agradables. ¿Es de extrañar que estemos criando una generación de adolescentes ásperos, y desagradables y poco amables en su forma de hablar en la gran parte de los casos? En muchos casos, ellos están reflejando lo que han escuchado en sus casas de aquellos de nosotros que somos la generación adulta.
Proverbios capítulo 16, versículo 21, nos dice eso, “El sabio de corazón será llamado prudente, y la dulzura de palabras aumenta la persuasión”. ¿Alguna vez tienes la sensación de que si no gritas, tus hijos no van a entender? Bueno, esa es la manera en que se puede ver a corto plazo, pero a la larga la dulzura de palabras aumenta la persuasión.
Algunas de ustedes están educando en casa a sus hijos, y si eres madre, estás enseñando a tus hijos sin importar donde van a la escuela. Estás enseñando a tus hijos. Debe ser alentador para ti el darte cuenta que puedes motivar a tus hijos a aprender al hablar palabras que sean dulces. Puedes crear un clima en tu hogar que sea propicio para el crecimiento.
En toda mi vida yo solo he tenido dos multas por velocidad, y ambas fueron durante mis últimos dos años de universidad cuando vivía en el Sur de California. Ahora, al pensar en esto, me doy cuenta de que era una locura. Estaba manejando muy rápido en la Autopista de Pasadena, la cual tiene muchas curvas y carriles muy estrechos. La primera vez el policía me detuvo y fue un poco rudo en el manejo de la situación. Simplemente pagué la multa pero, debo añadir, que reaccioné de manera incorrecta en mi espíritu. Él era la autoridad. Yo no. Pero en mi arrogancia, reaccioné incorrectamente a su aspereza.
Pero no mucho tiempo después, aún estaba yo manejando muy rápidamente. Osea que no había aprendido la lección y fui detenida otra vez. Esta vez, el policía tuvo una manera completamente diferente de abordar la situación. Él tuvo una respuesta amable, y expresó preocupación por mi bienestar al manejar como una loca en la Autopista de Pasadena. Ahora bien, él tenía razón.
El primero de ellos tenía razón en lo que dijo, pero fui tan convencida por el espíritu de ese segundo policía (sin hablar del hecho de que no quería pagar más multas por velocidad) que algo hizo clic dentro de mí, e hice un cambio de estilo de vida. He cambiado mi forma de conducir. No quiero decir que dejé de manejar a alta velocidad porque no puedo decir que nunca he vuelto a acelerar. Pero conduzco de una manera muy diferente hoy en día y desde entonces. La dulzura de palabras aumenta la persuasión, aumenta la enseñanza.
Ahora, no estoy justificando mi respuesta incorrecta al primer policía. Solo estoy diciendo que el espíritu del segundo realmente ayudó a que mi respuesta fuera una de aprendizaje. Proverbios capítulo 16, el versículo 24, nos dice, “Panal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos.” Las palabras agradables son dulces al alma y salud para los huesos. Las palabras agradables ministran gracia y ayuda y fortaleza y salud y plenitud a aquellos que las escuchan.
Proverbios capítulo 18 versículo 23 es un versículo que el Señor ha usado en mi vida muchas veces a través de los años. Dice, “El pobre habla suplicando”. Él suplica. Él apela porque sabe que si no lo hace, probablemente no va a obtener lo que necesita; mientras, “el rico responde con dureza”.
Esto puede ser cierto en términos de pobreza y de riqueza material. Encontrarás que es cierto que muchas veces los que tienen mayor riqueza material son en ocasiones los más dañinos con el uso de su lengua. Ellos pueden hablar ásperamente y sentir que pueden salirse con la suya. En cierto sentido, en algunos países, con cierto status económico, hemos llegado en nuestra prosperidad, a donde pensamos que podemos hablar ásperamente.
Pero creo que aquí está hablando de algo más profundo que la riqueza material o la pobreza. Tiene que ver con la pobreza de espíritu que Cristo quiere que tengamos. La persona humilde usará apelaciones, utilizará ruegos, mientras que la persona arrogante en su espíritu hablará ásperamente a los demás.
Y luego en Proverbios capítulo 25, versículo 15 (el cual sería difícil de creer si no estuviera en la Palabra de Dios, pero está en la Palabra de Dios) hay una increíble promesa. Proverbios 25:15 dice: “Con la mucha paciencia se persuade al príncipe y la lengua suave quebranta los huesos”. Ahora, piensa en una lengua suave. La lengua en sí misma no es un miembro muy fuerte del cuerpo físicamente hablando. ¿Cómo puede una lengua suave quebrantar un hueso? Un hueso es algo que es duro.
Bueno, el proverbio está diciendo aquí que con mucha paciencia, por soportar a la otra persona, la persona en autoridad puede ser persuadida. Si tienes paciencia y palabras amables, palabras dulces y humildad, esas son armas poderosas. Piensa en esa autoridad en el trabajo o esa autoridad en tu hogar quien simplemente no ve las cosas correctamente. ¿Cómo te enfrentas a esa persona? ¿Presionas? ¿Exiges? ¿Insistes? ¿O tú esperas? Toleras. ¿Hablas palabras amables?
En el tiempo, la paciencia y la humildad y la amabilidad pueden lograr más que la ira o la fuerza. La lengua apacible es una influencia poderosa. Así que las Escrituras nos dicen que si somos sabias, hablaremos palabras que sean suaves, amables, que sean agradables y dulces.
¿Cuáles son algunas de esas palabras? Palabras como, “Te amo.” “Estoy orgullosa de ti.” “Estoy orando por ti.” No puedo decirte cuántas veces estas palabras han ministrado gracia y fuerza y aliento a mi corazón. Esas son palabras dulces. Palabras como, “¿Hay algo que pueda hacer por ti?” Intenta decir eso en tu casa más de lo que le pides a otros que hagan algo por ti.
Palabras como “Por favor” y “gracias.” Esas no son simplemente cortesías anticuadas. Son una expresión de un espíritu dulce. Esas son palabras dulces que aumentan la persuasión. Palabras como, “Por favor perdóname.” “Lamento mucho haberte tratado en esa forma, hiriendo tu espíritu de esa manera.” Esas son palabras dulces. Ministran gracia.
Palabras como, “Te perdono.” “Te aprecio.” Cuando le dices a tus hijos o tus nietos, “Estoy tan contenta de que Dios te trajo a nuestra familia.” “Estoy tan contenta de que Dios te permitió venir y que vivas en nuestra casa.” Esas son palabras dulces. Esas son palabras agradables. Esas son palabras que ministran gracia al oyente.
Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss. Las palabras de gracia tienen gran poder. Nancy ha estado explicando por qué.
Hablar palabras de gracia no es algo natural para la mayoría de las personas. Sin embargo, puedes aprender a ofrecerlas. Escuchamos de mujeres todo el tiempo que han aprendido a hablar palabras de gracia a sus esposos.
Por ejemplo, nos conectamos con una mujer llamada Hannah. Ella aprendió acerca de un reto de 30 días ofrecido por Nancy Leigh DeMoss. Este es el reto. Por 30 días, no digas nada negativo sobre tu esposo. Y durante ese tiempo, haz algo para alentarlo. Le proporcionamos a Hannah ideas sobre cómo alentar a su esposo. Y tuvo un gran efecto.
Hannah: Realmente me golpeó duro el día que me di cuenta de lo negativa que había sido con mi esposo en el pasado. He sido muy crítica, demasiado crítica. Hemos estado casados un poco más de cinco años. Muchas personas nos ven en la iglesia y piensan, “Oh, esa parejita casada tan bonita. ¡Que dulces son!” Éramos novios de secundaria. Hay tantos estereotipos que se le pegan a uno. Pero me di cuenta lo hiriente y cruel que yo era con mis palabras y mis acciones.
Leslie: Una noche Hannah estaba criticando a su esposo y mencionó que él era perezoso. No mucho después de eso, ella lo escuchó diciéndole a otra persona que él era perezoso. Él estaba repitiendo las palabras negativas que ella le había dicho.
Hannah: Él no debió haber copiado eso de mi, aunque él lo sea o no.
Leslie: El reto de 30 días abrió los ojos de Hannah para ver esto. Le mostró lo influyente que eran sus palabras.
Hannah: Fue increíble y doloroso, todo al mismo tiempo, el ver que había estado tratando a mi esposo de esa manera con mis acciones y mis palabras.
Leslie: El reto ayudó a Hannah a revertir esta tendencia y alentar a su esposo. El reto te ayudará a hacer lo mismo a ti, proveyéndote pasos concretos cada día para hablar palabras de gracia en su vida.
No hay mejor regalo que puedas dar que el aliento. Podrás leer todo sobre esto cuando visites AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás el Reto de 30 días para las esposas junto con el otro recurso de esta serie El poder de las palabras.
Mientras continuamos explorando el poder de las palabras, estamos a punto de considerar el impacto que las palabras pueden tener de por vida. Algunas mujeres en nuestra audiencia han estado escuchando esta serie con nosotras, y ellas nos van a contar sobre el poder que las palabras han tenido en sus vidas.
Susan: La música siempre ha sido parte de mi vida. Cuando tenía— no sé—algunos cinco o seis años, en mi primer recital de piano, al regresar luego de tocar una pequeña pieza le dije a mi mamá, “Mami, verdad que hice un buen trabajo,” o algo así. No recuerdo las palabras exactas. Ella dijo, “Bueno, siempre lo puedes hacer mejor”.
Desde entonces he tenido una verdadera lucha con el sentimiento de que nunca podía hacer las cosas bien —al día de hoy ya tengo 44 años. Hemos hablado de eso. Pero pasa el tiempo y me encuentro a mí misma haciendo lo mismo con mis hijos, y eso es algo en lo que tengo que trabajar mucho y por lo cual necesito orar. La alabanza es más importante que asegurarse de… Oh, lo que ella siempre me decía era, “Susan, yo siempre quise asegurarme de que tú no tuvieras un corazón orgulloso. Quería protegerte de que fueras muy orgullosa.” Y como dije al día de hoy, me encuentro a mí misma haciendo eso con mis hijos, y es algo que no está bien.
Mujer 1: Ha sido una batalla para mí toda la vida superar esto. Aquí estoy a los 57, y aún escucho, “Mira esa gran nariz en esa cara”. “Tienes la nariz más enorme de la familia”. “Mira ese pelo sudoroso”. “Eres tan sudorosa y apestosa.”
No era simplemente una niña. Era una cualquiera. Ese es un término despectivo e implica que mi único propósito en la vida eran los hombres. No puedo usar un vestido corto porque aún escucho, “Mira esas piernas flacas de ave”.
“Si, tú vas a la iglesia con todos esos hipócritas. No eres mejor que nosotros. Por eso es que vas, tú quieres ser mejor que nosotros”.
Ellos nunca hubieran escuchado si les hablaba de Jesús. Ahí no había amor, pero ellos eran ignorantes. Ellos están más lastimados que yo, y me da tristeza que ellos hayan sido lastimados. Ya ellos murieron. Casi todos murieron. No sé si alguna de mis palabras alguna vez ayudó sus corazones a cambiar de manera que yo pueda volver a verlos en el cielo…pero espero que sí.
Las palabras pueden herir terriblemente y escucho a algunas madres en la tienda, decir, “Cállate, niño malcriado”. Las personas simplemente no saben cómo están hiriendo a sus pequeños hijos. Algunas veces me encuentro a mí misma siendo muy crítica, y me encuentro a mí misma siguiendo algunos de los patrones de los ejemplos que vi. Lamento mucho eso. De verdad quiero arrepentirme de las veces que he sonado crítica para alguien.
Janie: Me convertí en madre cuando tenía 18 años, y no tenía idea de cómo ser una madre. Dieciocho años después cuando tuve seis hijos, aun la mayor parte del tiempo, no tenía idea de lo que estaba haciendo. Me preguntaba si alguna vez llegaría a saber lo que estaba haciendo.
Dios envió una amiga a mi vida quien me miró a los ojos un día y puso su mano sobre mi hombro, y ella me dijo, “Janie, eres una gran madre”. Nadie nunca me había dicho eso, y no sabía si lo era o no. Aún me hace llorar solo de pensar en ello. Pero esas palabras fueron muy, muy valiosas para mí.
Ahora tengo cuatro hijas y una nuera, y me preocupo en decirles que ellas son buenas madres y de buscar motivos para decirles eso porque significa mucho para mí.
Nancy: Nadie es la madre que quiere ser. Dios puede usar ese tipo de palabras de ánimo, ya sea como mamá o en cualquier otra etapa o aspecto de nuestras vidas para fortalecer esas partes en nuestras vidas que aún son débiles.
Recuerdo una situación años atrás, un domingo en la iglesia donde quien estaba dirigiendo el culto nos pidió que nos acercáramos a alguien durante el servicio, y que le dijéramos algo que habíamos visto en su vida que nos había recordado a Jesús. Debíamos decirle que apreciábamos esto.
Bueno pues, había una pareja en ese mismo servicio que vino hacia mí (ellos se me acercaron) y el hombre me dijo, “Quiero que sepas que una de las cosas que yo, y nosotros, él y su esposa, apreciamos sobre tu vida es que vemos un espíritu de mansedumbre, un espíritu afable, apacible y tranquilo en tu vida”. Bueno, yo estaba muy sorprendida, en primer lugar, porque si había adjetivos que usaría para describirme, particularmente en esos años, y aún hoy en día, no serían mansa, apacible y tranquila, porque no me saldrían naturalmente.
Yo sabía que la esposa de este hombre (su esposa estaba ahí de pie a su lado) era una verdadera mujer de Dios, de un espíritu manso y apacible. Y yo me sentí como lo opuesto a eso al lado de ella, pero esas palabras fueron pronunciadas con tanta sinceridad. Dios usó el estímulo de esas palabras en una área donde me sentía muy lejos de la meta para darme un sentido de esperanza de que esas cualidades (al menos ahí estaban las semillas de esas cosas que yo sé que son preciosas para el Señor) se encontraban en mi vida. Y esto me dio una motivación para querer ser ese tipo de mujer para que eso se pudiera decir real y verdaderamente de mí.
Es decir esto lo vemos en… por ejemplo, te pones un vestido que seis personas durante el día te dicen lo lindo que se ve. ¡Te quieres poner ese vestido todos los días por el resto de tu vida! Hay algo motivador en las palabras de aliento (aún si no estás siendo una buena madre en el sentido del estándar que sabes que Dios tiene para ti) cuando alguien viene y te dice, “Veo a Dios haciendo una obra y convirtiéndote en una buena madre” o “Veo a Dios desarrollando ese espíritu de mansedumbre y de tranquilidad en ti.” Tú dices, “¡Wow! Bueno, quizás Dios realmente me puede hacer ese tipo de persona que yo anhelo ser”. Nos alienta a ir más lejos de lo iríamos de otra manera.
Mientras piensas en esas personas que han creado una atmósfera y una actitud de bendición a tu alrededor, pregúntate, “¿Es ese el tipo de atmósfera que yo he creado?” “¿Dirían las personas que están a mi alrededor que yo creo una atmosfera de bendición?”
Estaba con un líder cristiano hace días quien dirige una institución un ministerio cristiano, y al salir dije, “Ese hombre es… es un gran motivador”. Él está enfocado en los demás. Simplemente fluye de él, de manera natural, el decir cosas que levantan a las personas y las anima. Me gusta estar cerca de alguien así, y yo quiero ser ese tipo de persona.
Ahora, voy a decirte, que yo no lo soy. Pero ahí vi un modelo de un siervo del Señor, y dije quiero que mi vida cree una atmósfera donde las personas vengan y digan, “He sido bendecido.” “He sido animado.” Que digan, “Ese es el tipo de persona que quiero ser porque me recuerda a Jesús”.
Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss hablando sobre el poder de las palabras. Ella va a retomar este tema de nuevo mañana.
No deberías ver ese programa de TV. No deberías escuchar esa música. No deberías parquearte aquí. No deberías manejar tan rápido. Puedes cambiar de carril ahora. Sabes, realmente deberías hacer tu estudio de la Biblia.
Esta es la forma en que una mujer llamada María hablaba con su esposo. Descubre por qué ella decidió parar. Esto será mañana, en Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
Palabras, Ricardo Rodríguez, Calma ℗ 2011 Parael Productions.
Voces adicionales:
- Hanna, en la voz de María Alejandra de Pou.
- Susan, en la voz de Yadira de Mejía.
- Janie, en la voz de Cisnely de Álvarez.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.