Leslie Basham: Las Palabras pueden herir profundamente, como esta mujer lo recuerda.
Mujer: Cuando pienso en el poder de las palabras, pienso en una frase que escuché al crecer, que hasta la fecha me inunda de diferentes emociones cuando recuerdo todas las veces que mi papá usó las palabras, “qué tonta eres”.
Leslie: Hoy escucharemos la libertad que Dios puede dar. Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
Las Palabras permanecen, especialmente las palabras crueles. Las ideas detrás de ellas pueden permanecer contigo mucho después de que las ondas del sonido hayan desaparecido. En esta serie de Nancy has sido retada a usar tus palabras sabiamente. No digas nada cruel que se pueda quedar con aquellos a tu alrededor. Aquí está ella para concluir hoy con la serie El poder de las palabras.
…Leslie Basham: Las Palabras pueden herir profundamente, como esta mujer lo recuerda.
Mujer: Cuando pienso en el poder de las palabras, pienso en una frase que escuché al crecer, que hasta la fecha me inunda de diferentes emociones cuando recuerdo todas las veces que mi papá usó las palabras, “qué tonta eres”.
Leslie: Hoy escucharemos la libertad que Dios puede dar. Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
Las Palabras permanecen, especialmente las palabras crueles. Las ideas detrás de ellas pueden permanecer contigo mucho después de que las ondas del sonido hayan desaparecido. En esta serie de Nancy has sido retada a usar tus palabras sabiamente. No digas nada cruel que se pueda quedar con aquellos a tu alrededor. Aquí está ella para concluir hoy con la serie El poder de las palabras.
Nancy Leigh DeMoss: Tengo un pequeño libro devocional que leo en ocasiones. Tal vez tú estás familiarizada con el, se llama Luz Diaria (Daily Light, en inglés). Cada día tiene lecturas para la mañana y lecturas para la noche; son simplemente versículos tomados directamente de las Escrituras. No tiene comentarios, solo versículos de las Escrituras.
Y solo deseo compartirte lo que decía la lectura de esta mañana. A medida que leía estos versículos temprano esta mañana, pensé que—aunque no hablaban específicamente de la lengua— que esos versículos nos ofrecían una guía. Estos versículos nos dan una guía acerca de cómo debemos de responder cuando el Espíritu de Dios nos trae convicción en cualquier área de nuestras vidas. Así que quiero aplicarlo a lo que hemos estado experimentando en esta serie, mientras Dios ha ido dando convicción en relación con nuestras palabras y nuestras lenguas.
El encabezado es un versículo de Lamentaciones 3, el versículo 40, que dice, “Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos, y volvamos al SEÑOR”. La examinación, la introspección, no es para llevarnos al desánimo o a la derrota. Es para llevarnos al arrepentimiento. Es por eso que la convicción del Espíritu Santo es buena.
La bondad de Dios nos lleva al arrepentimiento, y es bueno que Dios nos haya dado Su Palabra. Es bueno que Dios nos haya dado estos retos y esta convicción. Porque si tú nunca experimentas convicción cuando lees la Palabra de Dios, entonces necesitas preguntarte, “¿Soy yo una hija de Dios?” porque si tú eres una creyente, tú de seguro experimentarás convicción cuando filtres tu vida a la luz de la Palabra de Dios, así como hemos venido experimentando en estas sesiones.
Así que Lamentaciones dice que, “Examinemos nuestros caminos y los escudriñemos, y volvamos al SEÑOR” . El siguiente versículo en esta lectura viene del Salmo 26, es el versículo 2, donde el salmista dice, “Examíname, oh SEÑOR, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón”.
Así que el salmista está dispuesto a que Dios lo examine igual como lo hemos estado haciendo nosotras durante estos días, diciendo “Señor, quiero que examines mi corazón, quiero que me inspecciones. Quiero que me pruebes”. Hemos estado en el libro de Proverbios, y Proverbios nos ha estado examinando en lo relativo a nuestras lenguas. ¿Cuántas de nosotras podemos decir, “siento que realmente he reprobado este examen que hemos estado tomando en el libro de Proverbios”? Casi todas levantarían sus manos y las que no levanten las manos es porque no han entendieron la pregunta.
Todas nosotras hemos estado tomando un examen y lo que sucede es que cuando tú mides tu vida a la luz de lo que dice la Palabra de Dios, encontramos que todas reprobamos, si no fuera por el poder transformador y santificador del Espíritu de Dios en nuestros corazones, todas reprobaríamos. Y el lugar de inicio para que ocurra este cambio es dejar que Dios nos escudriñe; debemos escudriñar nuestros propios corazones y luego dejar que Dios mismo nos escudriñe.
El pasaje que sigue después, es del Salmo 119, versículo 59 que dice, “Consideré mis caminos”, esto es algo que debemos hacer, porque cuando Dios nos habla, debemos detenernos y pensar en nuestros caminos, meditar en lo que Dios nos está diciendo. Porque tantas veces escuchamos un mensaje en la iglesia o leemos algo en nuestro devocional, o escuchamos una de estas sesiones. Escuchamos algo en la radio cristiana, y decimos, “Sí, está bien”. Pero continuamos con nuestra vida, con lo que sigue, y no nos detenemos para dejar que la convicción se afirme.
El salmista dice, “Consideré mis caminos”, y ¿Qué hace él después? Él se arrepiente, y luego dice, “y volví mis pasos a tus testimonios” (Salmo 119:59). O sea “Cambié mi rumbo”, “Cambié de dirección”. “Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos” (Salmo 119:60). Hay aquí obediencia.
Así que Dios nos ha estado trayendo convicción. Le hemos permitido examinar nuestros corazones. Queremos tener un corazón arrepentido; un corazón que se vuelva de sus caminos y que no continúe justificando la forma en que hemos estado usando nuestras lenguas. Queremos responsabilizarnos acerca de la forma en que hemos estado usando nuestras lenguas. Y entonces necesitamos obedecer y confiar en Dios para darnos el poder de Su Espíritu Santo para que podamos obedecer en las áreas que nunca podríamos obedecer en nuestras propias fuerzas.
Este pequeño devocional también incluye un versículo que al principio a mí me pareció que estaba fuera de lugar, pero en realidad no lo está. Es el versículo de 1era a los Corintios capítulo 11, el versículo 28 que dice, “Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa”. Una vez te hayas examinado a ti misma y hayas dejado que Dios te escudriñe, y hayas visto la corrupción, la maldad, la insensatez y la necedad que hay en tu corazón, ¿cómo te liberarás de esto? Esa es quien soy también. Por lo tanto, la culpa pudiera inundarte y cargar nuestros corazones hasta que llegara a ser opresiva.
Hasta que vayas a la cruz. El versículo dice “entonces coma del pan y beba de la copa” ¿Qué es lo que está diciendo? Toma la comunión. Participa de la mesa del Señor. Ve a Cristo. Corre a Cristo para refugiarte, para recibir gracia, para recibir perdón. De eso se trata la cruz. Es el cuerpo de Cristo quebrantado por nosotras. Es la sangre de Cristo derramada por nosotras en la cruz. Esa es nuestra única esperanza cuando Dios nos muestra las necesidades en nuestras vidas.
La lectura continúa diciendo, “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Confiésalo. Ponte de acuerdo con Dios acerca de lo que te ha mostrado. Pudiera ser de ayuda si vas a otra persona, quizás donde tu esposo o donde otro creyente, o alguna hermana en Cristo… alguien a quien puedas acercarte para decirle, “esto es lo que Dios me ha mostrado acerca de las necesidades que tengo relacionadas a mi hablar y mi lengua”.
Primero confiésalo a Dios y después debes ser honesta a nivel horizontal con las demás acerca de lo que Dios te ha mostrado. Este es un paso de humildad. Si confesamos nuestros pecados a Él, si nos ponemos de acuerdo con Dios acerca de lo que Él nos ha mostrado, Él nos perdonará por lo que Cristo ha hecho por nosotras. Y nos limpiará de toda maldad.
Esta lectura devocional de Luz Diaria (Daily Light) retoma la idea llevándonos al libro de 1era de Juan y después a Hebreos. “Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Él mismo es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2:1-2). Ahora, esa es una palabra muy grande que la mayoría de nosotras no usamos en nuestras conversación diaria, pero simplemente significa que a través del sacrificio de Cristo en la cruz, Él satisfizo la ira de Dios—la justa ira de Dios—en contra de mi pecado.
Él llevó el castigo. Él pagó el precio. Él satisfizo la ira de Dios, por lo que ahora yo no tengo que soportar la ira de Dios por mi malvado corazón y mis palabras malvadas y necias. Ahora Él está en el cielo, es mi abogado. Él está rogando por mí. Él está intercediendo por mí. Él es quien está tomando mi caso delante de Dios.
Algunas de ustedes pueden estar poniéndose metas y proponiéndose que nunca más le gritaran a su esposo o que nunca le gritarán a sus hijos o que nunca más volverán a decir una palabra airada o descompuesta. Pero les estoy advirtiendo, que lo harán. Y que cuando lo hagan, necesitarán a alguien que interceda delante del Padre. Alguien que pueda decir, “Padre, acepta mi justicia”. Esa es la justicia de nuestro Señor Jesús, y Su justicia puede cubrirnos, puede limpiarnos, puede lavarnos.
Así que el escritor de Hebreos dice, “Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús…” (Hebreos 10:19) Por cierto, luego de ver lo que hemos visto acerca de nuestras lenguas y de nuestros corazones, ¿cómo pudiéramos imaginar el poder entrar con confianza a la presencia del Dios santísimo? ¿No es grandioso que podamos entrar? Después de la convicción y del sentido de culpa y del fracaso y la necedad que pesa sobre nosotras, y ahora se nos dice que debemos tener libertad y confianza para entrar en el lugar santísimo, la presencia misma de Dios. ¿Cómo puede ser esto? Solo por la sangre de Jesús.
“Por un camino nuevo y vivo que Él inauguró para nosotros por medio del velo, es decir, su carne, y puesto que tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios.” (Hebreos 10:20-21) Acerquémonos ¿A quién nos estamos acercando? Al que ofendemos con nuestras lenguas. Él nos dice, “acérquence con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia [rociadas con la sangre de Cristo] y nuestro cuerpo lavado con agua pura”. (Hebreos 10:21-22) el agua de la Palabra. El agua del Espíritu.
Así que quiero animarte. Porque hay gracia para los pecadores. Hay gracia para los fracasos. Tenemos la sangre de Cristo para nuestros malvados corazones y para nuestras lenguas perversas y pecadoras. Echa mano de ella y da gracias por ello.
Mujer: Primero que nada quiero darle gracias al Señor por la convicción y por la exhortación que es el estar aquí el día de hoy. El poder de la lengua es algo que Él ha estado trabajando en mí en estos últimos meses. Cuando pienso en el poder de las palabras, pienso en una frase que escuché al crecer, que hasta la fecha me inunda de diferentes emociones cuando recuerdo todas las veces que mi papá usó las palabras, “que tonta eres”.
De niña era una lectora voraz. Constantemente estaba buscando conocimiento. Estaba buscando información, buscando formas para no ser una tonta. En ocasiones encuentro que comparto alguna información pensando que pudiera ser de ayuda a otros o que sería bien recibida, y muchas veces pudiera no serlo.
Justo ayer tuve una situación donde estaba tratando de ofrecer una simple explicación acerca de por qué tenía que colgar el teléfono. Y de repente recordé que no tenía que compartir toda esa información. No necesitaba explicarle a esa persona todo lo que estaba aconteciendo para que ella no pensaran que yo era una tonta.
Todavía estoy, bueno —todavía tengo un gran pesar porque no he resuelto este dolor y todo este asunto con mi padre. Y por esa causa no he podido honrar a mi padre como es debido. Necesito ir a él y pedirle perdón.
Nancy: Déjame responderte algo acerca de cuando estás del lado receptor de las palabras hirientes. Todas hemos estado ahí. Algunas de ustedes tienen un corazón muy sensible, un corazón tierno, y eso es bueno. Pero el enemigo puede usar esa ternura y esa sensibilidad y esa memoria maravillosa que algunas de nosotras tenemos para causar que vivamos en una vida de derrota. Así que, ¿qué dice la Escritura acerca de cómo podemos responder cuando somos recipientes de palabras que hieren?
Hay un sinnúmero de pasajes que vienen a mi mente. Primero que nada, tenemos que regresar a la Palabra. “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.” (Juan 1:1) ¿Quién era el verbo? Jesús es el Verbo de Dios, y el verbo se vistió de carne y vivió entre nosotros. Jesucristo, quien es la expresión, la revelación de quien es Dios. Es esa Palabra. Esa es la Palabra. Él vino a esta tierra, y creo, en el contexto del pasaje del Salmo 107, el versículo 20, que “Él envió su palabra y los sanó”.
Ahora, al entrar a la cruz de Cristo, allí hay esperanza, allí hay fe, pero también hay sanación. Hay liberación. Hay libertad disponible y ya no tienes que vivir como una tonta, como una víbora, o como una cualquiera de las cosas de las que se te ha tildado, y que aún ahora, décadas después, siguen atormentando tu corazón. No tienes que vivir en esa atadura. Puedes vivir en sanidad y en libertad porque Dios mandó Su Palabra y nos sanó. Es a través de la cruz que obtenemos esa sanidad y esa libertad y esa liberación.
Ahora, ¿Qué haremos ahora que estamos en Cristo? Ahora el asunto es cómo pudiéramos nosotras convertirnos en instrumentos de esa sanidad en las vidas de otros. ¿Cómo podemos apropiarnos esa sanación? ¿Cómo podemos responder ahora como creyentes a esas palabras tan hirientes?
Primera de Pedro nos ofrece un consejo muy práctico acerca de cómo responder a los insultos, a los ataques verbales. Primera de Pedro capítulo 3, versículo 8: “En conclusión, sed todos de un mismo sentir”. Recuerden, decimos que somos un cuerpo, las que estamos en Cristo. Es por eso que es un gran pecado hablar palabras hirientes, odiosas, feas, desagradables, palabras falsas, porque cuando lo hacemos, dividimos amistades. Dividimos relaciones. Dividimos matrimonios al hablar palabras que traen muerte.
Así que Pedro dice que el problema con las palabras no empieza con las palabras. Realmente empieza en el corazón. Sean de un mismo sentir. Sean quienes ustedes son en Cristo—esto es, una misma mente, un cuerpo, una persona en Cristo. Tengan compasión unos con otros, amando al hermano, siendo tiernos de corazón, siendo corteses unos con otros.. Porque lo que sale de nuestra boca y la manera en la que respondemos a las palabras de otros todas esas cosas son asuntos del corazón y en la medida en que tratamos con esos problemas del corazón, encontraremos que nosotras mismas seremos ayudadas.
Después dice, en versículo 9, y aquí es donde comenzamos a lidiar con las palabras, habiendo ya lidiado con el corazón, “teniendo compasión unos por otros, amando al hermano, siendo compasivos, siendo amables unos con otros, versículo 9 “no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto.”
Primer principio, reconoce la herida.
Segundo principio, permite que el amor de Dios llene tu corazón para que puedas reaccionar y responder y hablar motivada por el amor de Cristo, con compasión por aquellos que han hablado maldad y palabras llenas de odio.
Después, el tercer principio: no pagues mal con mal. Cerciórate de no devolver el insulto.
Pedro sabía lo que todas sabemos. Lo que es natural para nosotras. Cuando hemos sido heridas, nuestra reacción natural es vengarnos o defendernos nosotras mismas. Devolver la herida de cierta forma. Es posible que no insulte a esa persona en la cara pero lo pudiéramos hacer con otra persona. Porque esa es la respuesta natural, y Pedro dice, no hagas eso. Ustedes son uno. Opera a partir del corazón que Dios ha puesto en ti, que es un corazón de amor, un corazón de cortesía, un corazón tierno y compasivo, un amor ágape, un amor de familia, no devuelvas mal por mal, o insulto por insulto.
Pero él no se detiene ahí. Y creo que lo que sigue es uno de los principios más liberadores en toda la Palabra de Dios.
Y es el cuarto principio que dice, por lo contrario, no devuelvas mal con mal, no te vengues. No insultes de vuelta, sino más bien bendiciendo. Devuelve con bendición.
¿De quién está hablando? De la gente que te ha hecho mal. Esa gente que te ha insultado. Esa gente que te ha dicho cosas desagradables, cosas malvadas. ¿Qué es lo que das a cambio? Una bendición. Habla palabras de bendición. Acerca de ellos, a ellos, y a sus vidas.
Algunas de ustedes seguramente han tenido la oportunidad de bendecir a aquellos que les han insultado. Al hacerlo, te has convertido en un instrumento de sanación en sus vidas, y tu experiencia te libera a ti misma de las cadenas de esas heridas. Ahora, eso no significa que nunca lo recuerdes, que no haya un dolor asociado con ello, pero hay una libertad y hay liberación porque tú has dado bendición.
Él dijo, “porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición.” (1 Pedro 3:9) has sido llamada a heredar la bendición y porque tú tienes una bendición, tú eres capaz de dar una bendición a aquellos que te han hablado mal. Así lo dice en versículo 10, “El que quiere amar la vida y ver días buenos...”
Si quieres experimentar lo mejor de la vida, si quieres experimentar las riquezas de la bendición de Dios, si quieres vivir una vida llena de propósito y que no esté controlada por lo que otros han dicho de ti, “refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaño.” (1 Pedro 3:10)
Nota que él empieza hablando acerca de la gente que te ha insultado. Ahora, él dice que si quieres tener una vida bendecida—no está diciendo que la clave para tener una vida de bendición es alejarse de la gente que te habla mal, sino que lo que él está diciendo es que la clave para tener una vida de bendición es vigilar tu lengua; cuida tus palabras.
Eso me trae a la memoria Proverbios capítulo 15 versículo 23, que creo que es un maravilloso concepto en la Palabra de Dios. “El hombre se alegra con la respuesta adecuada”. ¿Ves? Nuestra tendencia es pensar que nuestro gozo está determinado por lo que otros nos dicen. Así que cuando alguien nos dice algo que nos lastima, eso mata mi gozo inmediatamente.
Me encuentro desanimada, deprimida, frustrada, enojada, con ganas de vengarme, y quizás de una manera sutil, digo, “esa persona, la forma de ese miembro de la familia, ese compañero de trabajo, la carta que recibí de esta persona, o la manera que me habló esta persona”—y pienso y pienso hasta que me siento totalmente desanimada y culpo a esa persona o a esa circunstancia de haberme robado el gozo. Muerte y vida están en el poder de la lengua.
Pero Proverbios dice que el hombre tiene gozo, no por lo que otros le dicen, sino por como él responde, como contesta a esos que le hablan. Una palabra en su tiempo, cuán apropiado es. Así que el gozo viene al responder nosotras con una bendición. Al dar bendición a cambio de recibir un insulto.
Ahora, estás pensando en ese cónyuge cuyas palabras cortantes te han herido.
No te estoy prometiendo que Dios te pondrá en una posición donde lo olvidarás. Porque no estoy segura de ello—puede que sea la misma memoria de todo esto lo que Dios esté utilizando para mantener tu corazón tierno. Estoy diciendo que no tienes que vivir bajo las cadenas, porque puedes tener un corazón lleno del amor de Cristo, si eres una hija de Dios, tienes el poder en ti, el poder de Su Espíritu Santo para no regresar maldad, para no regresar el insulto, para no deshonrar a los que te deshonraron, sino para en cambio darles bendición. Guarda tu lengua, detén tu lengua de hablar el mal, mantén tus labios de hablar engaño, así tendrás gozo por la respuesta de tu boca.
Mientras Dios manda Su palabra para sanar tu corazón herido, lastimado por palabras que a lo mejor otras personas te han dicho, te convertirás—en la medida en que aplicas esto a tu vida a través de la Cruz de Cristo—te conviertes en un instrumento de gracia y de sanidad y en una fuente de vida para otros. Él mandó Su Palabra y los sanó. ¿Qué harás una vez que hayas sido sanada? Tomas la Palabra y te conviertes en un instrumento de sanidad en la vida de alguien más.
Algunas de ustedes tienen la oportunidad de pasar a sus hijos y a sus nietos este tipo de bendición y exhortación y esperanza y vida que no recibiste de tus padres. Así que deja que el recordatorio sea una fuente de convicción.
Y a veces me acerco a algunas personas que son tan negativas, tan criticonas, y me doy cuenta que me drenan, me arrastran, me desaniman, y reacciono en otros puntos. Pero después Dios me dice que deje que esa persona y la manera en la que me afecta, que se convierta en un espejo que me deje ver cómo mis palabras pueden lastimar y herir y afectar a otros en maneras que a veces ni te das cuenta, así como ellos tampoco se dan cuenta del impacto que están teniendo sus palabras sobre tu corazón. Pero déjame a mi—me dice Dios—déjame llenar tu corazón con el tipo de amor que habla palabras de bendición y de exhortación que se convierten en medios para sanar a otros.
Leslie: Esto fue Nancy Leigh DeMoss concluyendo con la serie llamada, El poder de las palabras. Nuestras radioescuchas han visto el potencial de las palabras que usan. Y la hemos terminado en esperanza—que Dios pueda sanarnos de cualquier palabra cruel hablada a nosotras. Ha sido una serie muy importante y si te has perdido de algún programa, espero puedas regresar a AvivaNuestrosCorazones.com.
Espero que le puedas dar seguimiento en tu vida a estos temas tan importantes. Recuerda descargar el devocional sobre el poder de las palabras el cual está disponible en nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com. También te animamos a tomar el reto de 30 días para animar a tu esposo. Muchas mujeres han visto sus matrimonios ser transformados a partir de este recurso.
¿Cómo te estás preparando durante estas semanas para celebrar el tiempo la Semana Santa? Acompaña a Nancy a través del estudio titulado El Cristo incomparable, a partir de mañana. Será una serie inolvidable! Regresa a Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
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