Leslie Basham: Durante los días previos a la Semana Santa hace unos años, Nancy Leigh DeMoss tuvo un encuentro fresco con Cristo. Ella estaba leyendo el libro, “El Cristo incomparable” (The Incomparable Christ), disponible en inglés, escrito por Oswald Sanders. Ella comenzó a reflexionar sobre aspectos de la vida de Cristo que nunca había considerado antes. Ella te invita a explorar este libro juntas en los días previos al Domingo de Resurrección este año. Este es un ejemplo de los temas que estudiaremos.
Nancy Leigh DeMoss: ¿Sabes? Cómo hijas de Dios, como creyentes en Cristo, pensamos, “Sí, Cristo es incomparable. Claro que lo es. ¿No estamos todas de acuerdo con eso?” Bueno, el hecho es que la mayoría de las personas en este mundo no están de acuerdo con esto.
Hoy en día tenemos una cultura pluralista—tenemos un pluralismo religioso. Tenemos otras religiones diciendo …
Leslie Basham: Durante los días previos a la Semana Santa hace unos años, Nancy Leigh DeMoss tuvo un encuentro fresco con Cristo. Ella estaba leyendo el libro, “El Cristo incomparable” (The Incomparable Christ), disponible en inglés, escrito por Oswald Sanders. Ella comenzó a reflexionar sobre aspectos de la vida de Cristo que nunca había considerado antes. Ella te invita a explorar este libro juntas en los días previos al Domingo de Resurrección este año. Este es un ejemplo de los temas que estudiaremos.
Nancy Leigh DeMoss: ¿Sabes? Cómo hijas de Dios, como creyentes en Cristo, pensamos, “Sí, Cristo es incomparable. Claro que lo es. ¿No estamos todas de acuerdo con eso?” Bueno, el hecho es que la mayoría de las personas en este mundo no están de acuerdo con esto.
Hoy en día tenemos una cultura pluralista—tenemos un pluralismo religioso. Tenemos otras religiones diciendo que son igualmente válidas, tanto como cualquier religión. A veces es un poco difícil para nosotros saber cómo contestarles a aquellos que creen que cada religión es igualmente válida.
Una de las cosas que creo que este estudio va a hacer es que nos dará valentía como creyentes en Jesucristo para decir, “No hay nadie como Jesucristo. Él es el camino, la verdad, y la vida, y nadie viene al Padre sino por Él”.
Leslie: Aquí está tu invitación para esa serie: escucha Aviva Nuestros Corazones cada día a partir del 5 de marzo mientras Nancy enseña sobre el libro, “El Cristo incomparable”.
Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
Satanás es a veces llamado “el acusador”. Cuando acusamos a otros, estamos actuando como él. Conoce más sobre esto, mientras Nancy continúa en la serie, El poder de las palabras. Ella describirá a unos gemelos malvados: el chisme y la calumnia.
Nancy: Hemos estado hablando acerca de la lengua y sobre cómo nuestras lenguas tienen el poder de herir o de sanar. Hemos estado viendo Proverbios capítulo 18 versículo 21, y te he animado a que memorices por lo menos la primera parte de este versículo. Ponlo en diferentes partes donde lo puedas ver a través del día — sobre todo la frase que dice: “Muerte y vida están en el poder de la lengua.”
Hemos estado viendo varios diferentes aspectos diferentes sobre este tema, enseñados en el libro Proverbios. Hay mucho escrito acerca de la lengua a través de la Escritura. Pero nos hemos estado enfocando específicamente en el libro de Proverbios, qué tiene que decir proverbios acerca de este tema de la lengua.
Si no has estado con nosotras en las sesiones previas, te animo a que hagas tu propio estudio del libro de Proverbios y leas a través del libro, versículo por versículo. Escribe cada versículo que encuentres que diga algo acerca de la lengua, o de la boca, o los labios. También hay otros versículos que tienen que ver con disputas, palabras airadas, palabras contenciosas, o palabras de gracia.
Haz lo que yo he hecho con estos versículos — ponlos en dos categorías: áreas donde agradamos a Dios con nuestras lenguas y áreas donde deshonramos, herimos, o aun traemos muerte con nuestras lenguas.
Abordaremos hoy el tema del chisme, que ocupa un lugar prominente en el libro de Proverbios. Me recuerdo de un episodio de la serie televisiva de los años 50. Yo amo a Lucy (I Love Lucy) donde Lucy estaba en el teléfono con una amiga hablando acerca de Betty. Cuando Lucy colgó el teléfono, Ricky le dijo:
“Lucy, el chisme es incorrecto.”
Lucy dijo, “¿Quién? ¿Yo? ¿Chismeando?
Ricky dijo, “¿Cómo se llama lo que estabas haciendo por el teléfono?”
Lucy dijo, “Bueno, no era chismeando. Prefiero pensar sobre esto como un mutuo intercambio de información vital. De cualquier manera, ella era la que estaba chismeando. Yo solo estaba escuchando, y eso no es chismear”.
La Escritura tiene mucho que decir acerca de este asunto que llamamos chisme. Una de las características del chisme en el libro de Proverbios es que no es inofensivo. De hecho, puede ser mortal. El chisme puede herir y destruir. Veremos que la boca de personas necias — de personas malas — es una boca que habla palabras chismosas.
Por otro lado la calumnia también está muy relacionada con el chisme, pero hay cierta diferencia entre estas dos. Joe Stowell tiene un maravilloso libro llamado “El peso de tus palabras” (The Weight of Your Words, disponible en inglés). En el libro él sugiere que la calumnia es: “el intercambio abierto e intencional de información perjudicial” donde una persona comparte con otra persona información acerca de una tercera persona que está ausente.
Usualmente, tú no dirías este tipo de palabras si la tercera persona estuviera en el mismo salón. Es información que es dañina a la reputación o al carácter de esa persona. De manera que es un intercambio abierto e intencional de información perjudicial—en eso consiste la calumnia.
El Dr. Stowell dice que el chisme, por otro lado, se produce a menudo en el contexto de una “charla ociosa o descuidada”. 1 Los dos, tanto el chisme como la calumnia, son perjudiciales y muy peligrosos. Fácilmente podemos caer en el chisme cuando no estamos pensando. Quizás no sea de manera intencional — quizás tan solo se trate de un grupo de mujeres hablando. Nos juntamos y comenzamos a hablar acerca de cosas que hemos escuchado, que hemos visto, o que hemos experimentado, o que hemos escuchado de otros.
En el contexto de esta charla descuidada, podemos terminar pecando con nuestros labios. Pero por otro lado, la palabra calumnia significa “manchar, encontrar defectos, o hablar en contra de”. Es interesante que en el lenguaje original del Nuevo Testamento que era el griego. La palabra que a menudo es traducida como calumnia en el Nuevo Testamento es también la palabra de la cual obtenemos las palabras “endiablado” o “diabólico”.
Tú dirás, “¿Cuál es la conexión entre calumnia, endiablado, y diabólico?” Bueno hay una conexión real y muy cercana. ¿Quién es el calumniador original? Es Satanás. Es el acusador de los hermanos. (Apocalipsis 12:10, parafraseado) En la traducción de Reina Valera, la palabra diabólico o diábolos es traducido como calumniador. Si tienes la Nueva Versión Internacional, es traducida como habladores maliciosos. Significa lo mismo que decir cosas maliciosas acerca de otra persona.
Aprendemos en 1ra a Timoteo, capítulo 3, que una de las cualificaciones para la esposa de un diácono — un diácono es un líder espiritual o un siervo espiritual en la iglesia — una de las cualidades para las esposas de los líderes es que no sean calumniadoras, literalmente que no participen en pláticas diabólicas o maliciosas (versículo 11).
¿Sabías que si eres una calumniadora, tú descalificas a tu esposo de tener un lugar de liderazgo espiritual en la iglesia? Como esposa puedes pecar de tal manera con tus labios, que tu esposo se vea imposibilitado de servir a Dios en las formas en que de otra manera estaría cualificado para servir.
No solo es cierto que la esposas de los diáconos no deben hablar con calumnia o malicia, sino que es cierto para todas nosotras – casadas o solteras, hombre o mujer. Cuando calumniamos, realmente estamos usando las armas, los instrumentos y los métodos del mismo diablo.
En el capítulo 10, en el versículo 18 de Proverbios, dice, “el que esparce calumnia es un necio”. Me gusta meditar en esos versículos y desglosarlos y desarrollarlos y expandirlos para ver lo que quieren decir. Pero ese versículo habla por sí mismo —¿no es cierto?
“El que esparce calumnia es un necio.” Mientras leo ese versículo, tengo que hacerme la pregunta: “¿He sido yo una necia?” Yo sé que la respuesta es, “Sí.” En muchos momentos, he sido necia por cosas que he dicho acerca de otra persona que—cierto o no—es un comentario malicioso y diseñado para rebajar la reputación de esa persona—fueron palabras destructivas.
Proverbios capítulo 16 versículo 27 nos dice, “El hombre indigno urde [trama] el mal, y sus palabras son como fuego abrasador”. Hace planes malvados; es receptivo a cosas malas que ha escuchado acerca de otras personas y esas cosas están en sus labios como un fuego abrasador. Tiene que deshacerse de ellas; tiene que compartirlas con otros.
Otra palabra para describir a ese tipo de hombre impío es ruin, es bajo. La calumnia es una manera fea de usar nuestra lengua. Las palabras de esta persona son incendiarias; se queman como un fuego y arden fuera de control.
Mientras meditaba en estos versículos, recordé algunas ocasiones cuando yo he sido víctima de alguien que dijo cosas que no eran ciertas. Me dolió tan profundo en ese tiempo y el recuerdo de ello todavía es doloroso.
Alguien que por descuido— y no creo que hubo un intento de ser malicioso en este caso— llegó a conclusiones que no eran ciertas y las compartió con otros. Dañó mi reputación; dañó mi orgullo. Dios usó ese momento de una manera santificadora en mi vida, y puedo mirar hacia atrás y darle gracias a Dios por lo que Él me enseñó a través de esto.
Pero ahora soy instruída, al recordar esa ocasión y algunas otras, que tengo que confiar mi propia reputación a Dios, pero a la misma vez pienso, “¿Qué he hecho yo a la reputación de otros?”
No hace mucho estaba en una reunión donde se estaba hablando acerca de varios ministerios y obreros cristianos. El nombre de alguien en particular surgió, una persona a quien yo respeto altamente, quien es un gran siervo del Señor. Él y yo tenemos algunas diferencias en el entendimiento de algunos aspectos de las Escrituras.
Por alguna razón me sentí obligada en ese escenario, y no era necesario, a decir lo yo que sabía. Me di cuenta, cuando salí de esta reunión, que había puesto a este siervo del Señor bajo una mala luz. No había ayudado su reputación. No era una situación en la cual decir lo que yo sabía mejoraría la causa de Cristo ni era necesario decirlo. Simplemente estaba diciendo algo que yo sabía, pero no era necesario decir.
Cuando salí de esta reunión, sentí una gran convicción por haber calumniado la reputación de esta persona, así que tomé mi celular antes de salir de la ciudad y contacté a la primera persona que pude que también había estado en esta reunión. Le dije, “Estaba equivocada. No debí haber dado un reporte negativo acerca de otro siervo del Señor. Sus palabras pueden hablar por sí mismas, pero yo no necesitaba señalarlo. ¿Podrías perdonarme por favor?”
No pude conseguir a los demás en ese momento, pero sentí que tenía que hacerle frente a esto. Así que cuando llegue a la casa, les escribí una carta a los demás que habían estado en esa reunión y otra vez pedí perdón por haber calumniado la reputación de este siervo del Señor.
Si tratas con estas cuestiones en la medida que surgen, encontrarás que colocas un freno en tu lengua. Porque no vas a querer escribir ese tipo de cartas ni hacer ese tipo de llamadas muy a menudo. Yo he tenido que hacerlas más a menudo de lo que quisiera admitir. Pero si humildemente tratas con estas cuestiones a medida que Dios te da la convicción, entonces encontrarás que Dios las usa para poner tu lengua bajo control.
Antes de hablar, necesitamos preguntarnos, “¿es este un buen reporte de esta persona?” Filipenses dice que debemos pensar acerca de cosas que son puras, buenas, verdaderas, amables y de buen reporte (4:8, parafraseado). ¿Es este un buen reporte? ¿Es cierto? ¿He verificado los hechos? ¿Es verdad lo que estoy diciendo? ¿Aun si es cierto, es bueno y necesario? ¿Necesito decir esto, o solo estoy llenando espacio con mis palabras?
Algunas de nosotras tenemos problemas con el silencio, y siempre tenemos que intervenir y decir algo. A menudo queremos lucir mejor, o sabemos algo que los demás no saben, así que intervenimos y terminamos diciendo cosas que son innecesarias.
¿Es amable? ¿Es verdadero? ¿Es necesario? ¿Es un buen reporte? Pienso que es uno de esos pecados que es más prevalente entre nosotras, como mujeres; uno de los que más necesitamos confesar al Señor. Es una de las maneras más dañinas en las que usamos nuestras lenguas en nuestras familias, en nuestras iglesias, y en nuestras comunidades. Podemos producir estragos con el pecado del chisme.
El chismoso, de acuerdo al Diccionario Webster, es una persona que cotorrea o repite conversaciones ociosas o rumores, especialmente acerca de los asuntos privados de otras personas.
Al entrar en los Proverbios, notarás que hay varias palabras relacionadas. La palabra chisme se encuentra en algunas traducciones en español. También encontramos el calificativo de chismoso. El diccionario dice que “un chismoso es una persona que esparce escándalos o dice secretos”.
Murmurador es también otra palabra que verás usada en algunas traducciones. Esta es sinónimo de soplón o chismoso — un murmurador. Es interesante que en Griego, la palabra para murmurador comienza con el sonido psst — susurrar. Es cierto que muy a menudo el chisme se transmite detrás del telón, a espaldas de las personas; no lo estamos vociferando abiertamente. “psst, ¿escuchaste que…? ¿Sabías que…? ¿Puedes creer que…?” Realmente estamos hablando aquí de una calumnia en secreto.
Lengua viperina—es otra palabra usada en algunas traducciones (NVI). Consiste en hablar maliciosamente acerca de una persona que no está allí. Es murmurar secretamente o calumniar secretamente. Proverbios tiene mucho que decir acerca del chisme, acerca del soplón y del murmurador. Veamos algunos de esos versículos:
Proverbios capítulo 11 versículo 13 dice, “El que anda en chisme [el que anda de soplón] revela secretos,” traiciona la confianza, “pero el de espíritu leal oculta las cosas”. Los chismosos no son dignos de confianza; no pueden guardar un secreto; ellos comparten información confidencial. Pero, tú dices, “bueno, la persona que me lo dijo no me dijo que era confidencial”. ¿Tú crees que la persona que te lo dijo estaría cómoda sabiendo que tú lo estás repitiendo? ¿Te ha dado la persona que te lo dijo la libertad para compartirlo?
Puede ser que tú no creas que la información es dañina, pero pregúntate, “¿si yo fuera esa persona, estaría yo cómoda que esta información esté siendo pasada a alguien más?” El soplón revela los secretos.
Proverbios 16 versículo 28 dice, “El hombre perverso provoca contiendas, y el chismoso [el calumniador] separa a los mejores amigos.” Nosotros podemos romper relaciones y amistades al sembrar semillas de desconfianza o de duda.
Proverbios 17 versículo 9 dice, “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos” (NVI). “El que perdona la ofensa cultiva el amor”. El camino del amor es el camino de pasar por alto las ofensas.
¿Pasas por alto las ofensas o te sientes obligada a magnificarlas o repetirlas a otros? En caso de que tu mente no esté pensando en este momento acerca de cómo esto puede aplicarse a ti, déjame preguntarte acerca de cuándo tu esposo te ofende.
Le pasó a alguien que vino ayer a la sesión. Ella compartió que ayer, antes de llegar a la sesión, su esposo dijo algo que fue hiriente para ella. Después ella habló acerca del conflicto que sobrevino. Y afortunadamente, para cuando ella lo estaba contando, ella estaba expresando su responsabilidad en el asunto.
Piensa acerca de cuándo tu esposo peca contra ti o te hiere. ¿Vas y levantas el teléfono y llamas a alguien más? ¿Llamas a tu mamá y le repites a ella lo que pasó— corriendo el riesgo de crear separación entre ella y tu esposo— influyendo en su opinión acerca de tu esposo? Deberías querer que ella tenga una buena opinión de tu esposo. Eso no quiere decir que él esté libre de pecado porque no lo es. Todas sabemos eso; no quiere decir que él no tenga problemas.
Pero si la persona con la cual tú estás compartiendo esta información no es parte del problema o parte de la solución, no la compartas. No necesita ser dicho. El amor cubre multitud de ofensas (1ra de Pedro 4:8, parafraseado).
Nuestras palabras pueden promover amor, unidad en una relación, o pueden ser divisivas y romper una relación. Proverbios 18 nos dice, “Las palabras del chismoso [o el soplón] son como bocados deliciosos;” o como dice la Nueva Versión Internacional, “deliciosos manjares”. “Y penetran hasta el fondo de las entrañas” (versículo 8).
El oír chismes o compartir chismes es a veces como — esta es una ilustración muy poderosa—porque es como compartir un manjar. Tú sabes algo que los demás no saben, y quieres compartirlo. Es algo especial; algo que no todos han oído. Es como cuando la comida es digerida. Que baja hasta las entrañas.
Compartes la información con alguien más— así, rápidamente. Lo estás diciendo rápido sin pensarlo. Pero va directo a la mente de esa persona y a sus pensamientos, y allí se queda. Lo digieren; lo asimilan en su ser y lo recuerdan.
Proverbios capítulo 20 nos dice, “El que anda murmurando revela secretos, por tanto no te asocies con el chismoso”. Ese es el versículo 19. ¿Te das cuenta lo que dice? Quiere decir que los chismosos o los murmuradores deben ser evitados.
Si tú eres el tipo de persona con quien la gente se siente cómoda en echarte encima chismes, eso puede decirte algo acerca de tu propio carácter. Los proverbios nos enseñan que si eres sabio, evitarás los chismes y harás lo que puedas para detenerlos, con gracia, con amabilidad y con amor.
No tomes parte en destruir el Cuerpo de Cristo, por el cual Él dio Su vida. Cuando hablamos palabras chismosas o calumniadoras, pecamos contra nosotros mismos y pecamos contra el Señor. Cuando pecamos contra nuestro propio cuerpo en esta manera, también pecamos en contra de nuestra familia, o contra el Cuerpo de Cristo.
Entonces si yo digo algo a los demás que es destructivo acerca de ti, estoy pecando contra mi cuerpo. Me estoy hiriendo; estoy hiriendo el Cuerpo de Cristo. Todos somos parte uno del otro. Si yo digo algo que separa a dos personas, entonces estoy destruyendo el Cuerpo de Cristo.
Pablo nos dice en el Nuevo Testamento que si destruimos el Cuerpo de Cristo. Nos destruimos a nosotros mismos; nos auto-destruiremos, si destruimos el Cuerpo de Cristo con nuestras lenguas.
Proverbios capítulo 17 versículo 4 de nuevo menciona acerca de prestar oído al chisme, “El malo está atento al labio inicuo; y el mentiroso escucha la lengua detractora [o destructora]” (RV60). El pecado no es solo en compartir el chisme; el pecado también está en escuchar el chisme y cuando lo hacemos, nuestros oídos se convierten en botes de basura.
Aun mientras estoy diciendo esto, siento que estoy siendo un poco dura. Quizás, al estar trabajando en esto, he visto cuán descuidada soy acerca de algunos de estos asuntos en mi propia vida, y lo importante que esto es para el Señor. Esto no es poca cosa para Él. ¡Oh, si tan solo dejáramos de usar nuestros labios para destruir el Cuerpo de Cristo!
Yo oí a un predicador hablar de cómo tratar con respecto a escuchar el chisme. Él sugirió — él predicaba acerca de este tema — que cuando alguien se acercara a ti y comience a decir algo de otra persona, algo que no sea amable o edificante, debieras decir lo más fuerte que puedas, “¡No quiero oírlo!”
Luego él contó cómo después de ese servicio dominical al final del estacionamiento podías oír a esta viejecita decir, “¡No quiero oírlo!” Todos sabían lo que había pasado: Alguien dijo algo que probablemente nunca jamás volverá a decirle a esta mujer.
Charles Swindoll habla acerca de cómo él maneja este tipo de cosas. Él dice,
Quizás como yo, tú has recibido una llamada de alguien que dice, “Quiero decirte de fulano de tal”. [Y él le dice a esa persona], “Espera un momento. ¿Puedo citar lo que estás diciendo?” Usualmente hay una larga pausa. Y luego dicen, “Bueno, no estoy seguro de que eso sea una buena idea.”
El Dr. Swindoll dice: Invariablemente mi respuesta seria, “entonces no estoy interesando en oír lo que tienes que decir. Si no estás interesado en poner tu nombre, si no estás interesado en estar allí cuando confronte al individuo, entonces no estoy interesado en oír lo que tienes que decir.”2
La boca del necio esparce chisme, y el corazón del necio oye y recibe el chisme.
Leslie: Nancy Leigh DeMoss no ha terminado todavía. Ella regresará para ayudarnos a aplicar el mensaje de hoy. La serie actual de Nancy se llama El poder de las palabras.
¿Alguna vez te has encontrado chismeando de tu esposo? Una mujer llamada Anne se sorprendió de ver cuántas esposas hacen esto. Ella estaba en medio de un reto que Nancy Leigh DeMoss ofreció de refrenarse de decir cualquier cosa negativa acerca de su esposo por 30 días, y de decir cosas positivas de él.
Anne: Realmente me mostró lo irrespetuosas que somos en nuestra sociedad hacia nuestros esposos y hacia los hombres — lo veo en la iglesia y fuera de la iglesia.
Durante el tiempo en que estábamos haciendo el reto, era la temporada de béisbol. Yo me sentaba en las gradas con las otras esposas y escuchaba la manera en que hablaban de sus esposos. Escuché algunas cosas realmente crueles que salían de las bocas de las mujeres. Y luego todas las mujeres se reían. Yo solo pensaba, “Eso es el mundo que se ha penetrado en la iglesia”.
Realmente sentí que este reto me trajo de vuelta a no solo ser más respetuosa con mi esposo, sino también a inspirar y desafiar a otras mujeres a ser respetuosas hacia sus esposos.
Pienso que si solo haces la primera parte de este reto de no decir nada negativo, eso cambiará tu vida y tu corazón, y cambiará tu matrimonio.
Leslie: Espero que estés dispuesta a tomar este desafío. También tenemos disponible para ti el otro recurso que acompaña a esta serie El poder de las palabras. Puedes obtenerlo al visitar nuestra página www.AvivaNuestrosCorazones.com.
Nancy abordará el tema el arte de hablar menos en nuestro próximo programa. Hoy ella ha estado hablando con nosotras acerca del chisme. Si tú necesitas un cambio en esta área, ¿quieres orar con ella? Aquí está Nancy.
Nancy: Oh Señor, cómo necesitamos que nos limpies y que nos des Tu perdón. Gracias por la gracia que puede tomar a las calumniadoras y a las chismosas y limpiarnos y cambiarnos, y darnos palabras puras, íntegras, y palabras edificantes. Señor yo oro que Tú hagas esa obra en nuestros corazones. Aun al terminar este programa hoy, que las palabras que hablemos ministren gracia y vida. Perdónanos Señor por todas las veces que hemos pecado contra Ti con nuestras lenguas. Oro en el nombre de Jesús, amén.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
1Joseph M. Stowell. The Weight of Your Words. Moody: Chicago, IL, 1998. 40. 2CharlesR. Swindoll. The Tale of the Tardy Oxcart. Word: Nashville, 1998. 575.
Voz adicional: Anne, en la voz de Juliana Alfonseca.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.