Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Por qué hay tantas relaciones que están marcadas por el conflicto? Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth…
El problema no son los hombres o lo que hayan hecho a las mujeres, ni las mujeres o lo que le hayan hecho a los hombres. El problema es el pecado, y lo que ha hecho en todos nosotros.
Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.
El Dr John Piper se dirigió a más de 6,000 mujeres en la abarrotada conferencia de True Woman 2008 en Chicago. Él mencionó que ellas tendrían la oportunidad de firmar el Manifiesto de la Mujer Verdadera
Dr. John Piper: Lo he leído más de una vez y lo considero un documento fiel, claro, verdadero, sabio, verdaderamente magnífico. Qué maravilloso sería si cientos de miles …
Nancy DeMoss de Wolgemuth: ¿Por qué hay tantas relaciones que están marcadas por el conflicto? Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth…
El problema no son los hombres o lo que hayan hecho a las mujeres, ni las mujeres o lo que le hayan hecho a los hombres. El problema es el pecado, y lo que ha hecho en todos nosotros.
Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.
El Dr John Piper se dirigió a más de 6,000 mujeres en la abarrotada conferencia de True Woman 2008 en Chicago. Él mencionó que ellas tendrían la oportunidad de firmar el Manifiesto de la Mujer Verdadera
Dr. John Piper: Lo he leído más de una vez y lo considero un documento fiel, claro, verdadero, sabio, verdaderamente magnífico. Qué maravilloso sería si cientos de miles de mujeres en América lo firmaran con el corazón adherido al Manifiesto de Mujer Verdadera.
Carmen: Un par de días después, a esas 6,000 mujeres se les dió la oportunidad de ratificar este documento, añadiendo su nombre. Tú puedes hacer lo mismo. Descarga tu copia al visitar AvivaNuestrosCorazones.com y únete al movimiento.
Aquí está Nancy, quien en esta semana nos estará ayudando a entender mejor el Manifiesto de la Mujer Verdadera.
Nancy: Si alguna vez has construido una casa, o si has vivido en una casa, sabes de la importancia de tener cimientos o fundamentos sólidos. Si la casa no tiene buenos cimientos, la estructura va a caerse. Va a ser poco firme. Va a ser vulnerable. Los cimientos no son algo que ves, le sacas fotos, o algo de lo que te guste presumir; sin embargo son verdaderamente muy importantes.
Al mirar este Manifiesto de Mujer Verdadera, estamos tomándonos el tiempo de ver la primera parte de una serie de afirmaciones fundamentales de convicción. Ya hemos visto las dos primeras afirmaciones fundamentales, afirmaciones de convicción, del Manifiesto de Mujer Verdadera.
La primera:
Creemos que Dios es el Soberano Todopoderoso Creador de la vida y el universo, y que toda Su creación existe para Su deleite y para traerle gloria.
Luego vimos la segunda afirmación fundamental:
Creemos que la creación de la humanidad—con el hombre y la mujer como máximos representantes—fue una decisión intencionada y maravillosa del plan sabio de Dios, y que ambos fueron creados para reflejar la imagen de Dios en forma complementaria pero diferenciada a la vez
Hemos hablado del diseño creado de Dios. Es santo; es bueno; es bendito. El diseño de Dios es que los hombres y la mujeres sean iguales como personas, en valor, y en dignidad; que exista intimidad en el matrimonio, respeto, honor y consideración mutua. Todo ello es parte del diseño creado de Dios para hombres y mujeres. Es bueno; es magnífico; es puro.
Sin embargo, al mirar a nuestro alrededor a lo que hoy tenemos, nos damos cuenta que estamos muy lejos de esa preciosa imagen. ¿Cómo fue que, partiendo de este diseño magnífico, maravilloso, hermoso en Génesis 1 y 2, llegamos a lo que ahora vemos entre hombres y mujeres, con asuntos de sexualidad y de desviación en el género, los cuales son indecibles?
Bueno, así es como llegamos a la tercera afirmación fundamental del Manifiesto de Mujer Verdadera. Permítanme leerla, y luego la desmenuzaremos.
Creemos que el pecado –es necesario hablar del pecado porque aquí es donde el pecado entra en escena y lo arruina todo.
Creemos que el pecado es lo que separa a los seres humanos de Dios, haciéndonos incapaces de reflejar Su imagen tal y como fue la intención original de la creación. Nuestra única esperanza de restauración y salvación la encontramos mediante el arrepentimiento por nuestros pecados; y confiando en Cristo—quien vivió una vida perfecta y sin pecado, quien murió por nosotros y fue resucitado de los muertos.
Ahora regresemos a Génesis capítulos 2 y 3 para que nos dé algo del contexto para esta afirmación.
Génesis 2 y 3 –hablamos de Génesis 1 en la última sesión, y cómo creó Dios al hombre y a la mujer a Su imagen. Él miró lo que había hecho y dijo: “es muy bueno”.
No vamos a detenernos en estos dos capítulos enteros, pero permítanme seleccionar algunos versículos para darles un panorama de lo que sucedió.
Génesis 2, comenzando en el versículo 16: “Y mandó Jehová Dios al hombre” –y tú dirás “¿Qué derecho tiene Dios de hacer eso?” Él nos creó. Nada más. Él es el Señor Soberano.
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. (versíc. 16-17)
Dios dice, “Aquí hay algunas cosas que puedes hacer; aquí hay una cosa que no puedes hacer”. Queda establecida una ley y esta ley es para beneficio del hombre. Dios dio esta restricción para bendición del hombre, para su protección, para que pudiera disfrutar de intimidad con Dios y con su esposa, para su gozo, para cumplimiento del propósito para el cual fue creado.
Así pues, tenemos la creación del hombre; tenemos a Dios dando los parámetros dentro de lo cuales el hombre, diseñado y creado por Dios, debía funcionar. Entonces llegamos al capítulo 3, y vemos primero a la mujer, seguida por el hombre, firmando su declaración de independencia. Ella y su esposo rechazaron el derecho de Dios de establecer leyes, rechazaron la autoridad de Dios. Quebrantaron Su Ley.
Génesis 3, versículo 6: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer…” ¿Cuál árbol? El árbol de la ciencia del bien y del mal. ¿Y qué había dicho Dios acerca de ese árbol? “No comas de él”.
“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer” –sabiendo que Dios había dicho, “no importa lo bueno que se vea, no lo comerás”—“y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría...” ¿Puedes ver aquí cómo trabaja la tentación?
“No comas eso”.
“Pero se ve tan bueno. Es tan deseable. No puedo ser feliz si no tengo un pedazo de… lo que sea”.
“y tomó de su fruto, y comió;” –Se llama pecado. Se llama rebelión. Se llama “lo haré a mi manera”. –“y dio también a su marido, el cual comió así como ella”. (versículo 6)
Lo que tenemos ahora es una mujer caída y un hombre caído viviendo juntos como esposo y esposa en el jardín.
Ahora vamos con las consecuencias, algunas de ellas, inmediatas. Por ejemplo, en el versículo 7 vemos que lo que había sido para ellos estar apercibidos de la presencia de Dios , ahora había sido reemplazado con culpa y vergüenza.
Versículo 7: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos”.
¿Qué hicieron al enfrentar su culpa y su vergüenza; esta conciencia de que algo había cambiado, de que algo estaba mal?
Hicieron las mismas dos cosas que solemos hacer cuando pecamos. Primeramente, intentaron remediar la situación por su cuenta, apartados de Dios.
Versículo 7: “cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”.
“Llegaremos a una solución. Arreglaremos esto. Mejoraremos la situación. Nos salvaremos a nosotros mismos,” dice el manifiesto humano. Intentaron remediar la situación por sí mismos.
Y número dos, se escondieron.
Versículo 8: “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto”.
Aquí vemos el temor de esta pareja al ser expuestos. Su intimidad con Dios había sido quebrantada. Ya no estaban delante de Dios, abiertamente,desnudos y sin sentir vergüenza. Están detrás de los arbustos, escondiéndose de Dios, vestidos, envueltos en esta ropa que hicieron a mano, cosiendo hojas de higuera. Están escondiéndose; están expuestos; la intimidad ha sido destruida. Están separados de Dios.
Y lo que no pueden ver, pero que aprendemos conforme la Escritura lo revela, es que la imagen de Dios bajo la cual habían sido creados, ahora se ha dañado. La imagen de Dios, el reflejo de Dios, lo que ellos debían representar de Dios había sido distorsionado. La bendición que leemos en Génesis 1 es reemplazada con una maldición. Hombres y mujeres fueron creados para vivir eternamente… pero ahora la muerte entra al mundo.
Pero en el siguiente versículo, versículo 9, vemos la maravillosa misericordia y gracia de Dios. “Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?” Dios dice, “Adán, sal de tu escondite. No tienes que esconderte. Sí, has pecado, y sí habrá consecuencias”. –y lo veremos-“ y, sí, necesitas un Salvador”.
Pero el hecho de que Dios haya llamado al hombre y dicho: ‘¿Dónde estás?’ ¿Acaso no es una asombrosa expresión de la misericordia y gracia de Dios? Él pudo haberlos acabado sin una sola palabra. Él dijo, “el día en que peques, morirás”.
Dios es un Dios de redención. Él inicia la reconciliación, y ahí tenemos el primer indicio del primer punto del Evangelio. Él es un Dios que inicia la reconciliación y la redención.
En este pasaje también podemos ver la santidad y la justicia de Dios. Vemos que el pecado tiene consecuencias, y vemos el despliegue de un castigo para la serpiente, para la mujer, y para el hombre.
Es interesante –y no tenemos tiempo para desarrollar esto- pero existe una diferencia entre el castigo que recibe la mujer y la sanción que recibe el hombre. Creo que si lo estudias podrás ver que los castigos que reciben difieren, y hablan de sus distintas funciones, llamado, misión y diseño creado por Dios. La esfera en la cual fueron creados para servir al Señor es la esfera en la cual fueron impactados por el pecado de manera distinta, como mujer y como hombre.
La mujer, quien fue tomada del propio cuerpo de su marido –por lo tanto una criatura relacional en una manera diferente de lo que era el hombre- batallaría como esposa y como madre. Mira el versículo 16 del capítulo 3:
“A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”.
Ahora, sin analizar este pasaje –hemos hecho eso en otras series- puedes ver que la mujer experimentaría dolor al parir a los hijos, y disfunción relacional como resultado de su pecado. El hombre, quien fue hecho del polvo de la tierra, batallaría en su función como proveedor. Versículo 17:
Y a Adán, Él dijo: “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”. (versículos 17-19)
Ahora, el pecado tiene efectos devastadores sobre cada aspecto de la creación de Dios, y puedes ver que ambos, el hombre y la mujer iban a experimentar dolor como una consecuencia del pecado. El mundo, el diablo, nuestra carne nos dicen, “Hazlo a tu manera, serás feliz”. Eso fue lo que pensó Eva. Era codiciable, era placentero. Era algo que ella necesitaba para hacerla sabia. Pensó que eso la haría feliz, pero en lugar de ello, le trajo dolor.
El pecado, finalmente, trae dolor. Recuerda eso cada vez que tengas un bebé. Esta es la consecuencia del pecado. Bueno, la consecuencia del pecado, no es el tener bebés, sino el dolor que conlleva. Recuerda eso cuando tengas que arrancar de la tierra el sustento. Es trabajo duro. Cuando la vida es difícil; cuando las relaciones disfuncionales se vuelven lo habitual, recuerda: Esta es la consecuencia del pecado.
Pero en ningún lado se hace más evidente el devastador efecto del pecado, que en las relaciones entre hombre y mujer. En Génesis 3, tenemos la semilla plantada –ese es el pecado- de la cual ha crecido una cosecha desastrosa y devastadora. La relación entre hombres y mujeres fue creada para funcionar complementariamente, para respetar y honrar y disfrutar y comunicarse con amor uno para con el otro, de la manera que sucede en la Trinidad. Ahora los tenemos en guerra, uno contra otro. Recuerda eso la próxima vez que tengas una discusión con tu esposo. Este es el resultado del pecado.
Recuerda también, que tu esposo no es el enemigo. Los hombres no son el problema, señoras –y si estuviéramos hablando a los hombres, lo cual yo no hago, diría: “Señores, las mujeres no son el problema”.
¿Cuál es el problema? El problema no son los hombres o lo que han hecho a las mujeres; ni las mujeres o lo que le han hecho a los hombres. El problema es el pecado, y lo que ha hecho en todos nosotros. No es solamente el pecado de tu esposo o el pecado de los hombres, es nuestro pecado como mujeres. Es tu pecado como esposa. Si eres una mujer casada, eres una pecadora casada con un pecador. Si eres un hombre casado escuchando este programa, eres un pecador casado con una pecadora. Si eres una mujer soltera, eres una pecadora viviendo en un mundo de mujeres y hombres pecadores.
El pecado le quita la belleza y el esplendor a la creación de Dios, haciéndola fea y retorcida. Así es que no andes culpando a los hombres en tu vida por lo que han hecho, por infame que haya sido en algunos casos; y sé que estoy hablando a algunas mujeres que han sido dañadas profundamente por hombres, y probablemente lo mismo podría decirse a los hombres respecto de las mujeres; pero no dejes ahí la culpa. Recuerda, somos criaturas caídas, viviendo conforme a una imagen dañada y distorsionada de Dios.
El pecado ha separado a cada ser humano de Dios, y nos ha hecho incapaces de reflejar Su imagen, de acuerdo al propósito con que fuimos creados. Entonces, ¿dónde está la esperanza? La única esperanza para el pecado, la única esperanza para sanar de las consecuencias del pecado en nuestra vida y en nuestras relaciones como hombres y mujeres, está en el Evangelio, el Evangelio de Cristo.
En lo que nos queda de tiempo quiero ir a Génesis 3, para mostrarles algunos atisbos del Evangelio de Cristo en estos primeros capítulos de la Biblia.
Vimos la misericordia de Dios al iniciar la reconciliación con Adán y Eva, pero también vemos la gracia y la misericordia de Dios delineada de otras dos maneras en este pasaje. Lo que tenemos realmente es la primera proclamación del Evangelio en el Antiguo Testamento. Es la proclamación que continuará desarrollándose a lo largo del Antiguo Testamento para encontrar su cumplimiento en el Nuevo Testamento.
Pero veamos Génesis capítulo 3, versículo 15, donde Dios habla a la serpiente, encarnando a Satanás, y le dice: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Aquí está la predicción del conflicto que habrá entre la serpiente y su descendencia, y la mujer y su descendencia. ¿Y a quién se refiere con la descendencia de la mujer? A Jesucristo.
El cumplimiento de esta profecía se llevó a cabo en la cruz, donde la serpiente hirió el talón de la simiente de la mujer, pero Cristo, la descendencia de la mujer, asestaría un golpe fatal a la cabeza de la serpiente. ¿Alabamos a Dios por esto? ¡Amén!
Ahí en el versículo 15, está una ilustración del Evangelio de la gracia de Dios. Ahora vean el versículo 21. Aquí vemos la provisión de Dios para cubrir la vergüenza y la desnudez de Adán y Eva.
Recuerden, ellos ya habían tratado de resolver su problema y cubrir su propia desnudez con hojas de higuera. Eso es una imagen de sus propios esfuerzos para vernos bien, para hacernos aceptables, presentables delante de Dios. Como, “Tenemos que escondernos. No podemos hablar con Dios. Hemos pecado; tenemos vergüenza; estamos turbados”.
No tenemos alternativa sino escondernos hasta que Dios venga y nos saque de nuestro escondite,pero no podemos vestirnos nosotros mismos y pararnos delante de Dios. Nuestra propia justicia, y todo lo que se nos pueda ocurrir para ganarnos el favor de Dios, para complacerle, para tener comunión, intimidad con Él, todo será como trapos de inmundicia, o, podría yo llamarlo, hojas de higuera baratas. No son suficientes para cubrir la vergüenza y la culpa de nuestra desnudez espiritual.
Así es que ¿qué es lo que vemos en el versículo 21? “Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.” Qué versículo tan precioso. Ese Dios, el Dios Santo y Creador y Soberano del universo, cuya ley había sido despreciada, el Dios hacia quien Sus criaturas se habían rebelado, y que Él les llame a salir de su escondite, y aún en la misma conversación donde trató con ellos las consecuencias de su pecado, como lo requiere Su justicia, que tiernamente hiciese para el hombre y su mujer túnicas de pieles y les vistiera. Oh qué sublime Su gracia.
¿Y cómo consiguió esas pieles? Bueno, animales inocentes tuvieron que ser sacrificados. Tuvo que haber un sacrificio para cubrir su desnudez. Al cubrirles, Dios nos da un cuadro del sacrificio que un día Dios tendría que hacer de Su propio Hijo, Jesucristo, quien tomaría nuestro pecado, nuestra vergüenza sobre Él, quien sería sacrificado como substituto para nuestro pecado, y así nosotros pudiésemos ser vestidos de Su justicia.
Escucha, si estás tratando de vestirte tú misma de espiritualidad; si estás tratando de lidiar con la vergüenza, la culpa , la separación de Dios, la intimidad destruida, las relaciones rotas, las relaciones disfuncionales; tratando de lidiar con las consecuencias de tu pecado, la caída, la maldición; si estás tratando de lidiar con todo ello con tu propia justicia, ríndete ya. Nunca vas a lograrlo.
Es por eso que esta porción del Manifiesto de la Mujer Verdadera dice, Nuestra única esperanza de restauración y salvación la encontramos mediante el arrepentimiento de nuestros pecados; y confiando en Cristo, quien vivió una vida perfecta y sin pecado, quien murió por nosotros y fue resucitado de los muertos.
No es posible que, con nuestros propios esfuerzos, resolvamos nuestros problemas o cualquier otro problema causado por el pecado, sino solamente a través de Cristo. A través de Cristo, la imagen de Dios, que ha sido dañada y distorsionada por el pecado, puede ser restaurada, y a través de Cristo podemos sanar las relaciones entre hombres y mujeres.
Él es un Dios redentor quien, por medio de la sangre de Cristo derramada en el Calvario, ha perdonado a pecadores culpables, quien un día abolirá el pecado por completo. ¡Alabemos a Dios! Él revertirá la maldición que el pecado trajo a esta tierra y a todos los hombres y las mujeres. Por Su gracia, Dios restaurará aquellos que Él ha redimido a una posición aún más espléndida que aquella que Adán y Eva disfrutaban en el jardín. Habrá un nuevo cielo, y una nueva tierra más gloriosa que la que fue arruinada por el pecado.
¡Esas son las buenas noticias! Ese es el Evangelio.
Entonces ¿qué es lo que haces?
- Salir de tu escondite
- Arrepentirte de tu pecado, reconocer tu pecado
- Confiar en Cristo
- Y Él te salvará. Él te vestirá con Su justicia.
Gracias Señor, por darnos este precioso retrato de cómo tomaste al hombre y a la mujer caídos, pecadores, alejados de ti, alejados uno del otro, y los sacaste de su escondite, les llamaste, les llamaste por su nombre. Tú iniciaste la reconciliación, y Tú les hiciste túnicas de pieles y les cubriste.
Gracias por este cuadro de Cristo quien se convirtió en pecado por nosotros, para que nosotros pudiéramos convertirnos en justicia de Dios en Él.
Oro por esla persona escuchando el día de hoy, que ha estado luchando y afanándose para lidiar con los efectos del pecado, por tratar con las consecuencias a través de sus propios esfuerzos y obras. Oh, Dios, que podamos dejar de lado esas hojas de higuera y abandonar nuestra propia justicia y el esfuerzo por vestirnos a nosotras mismas, y tomemos la justicia de Cristo que Tú has provisto ahí, en la cruz y que podamos ser liberadas de nuestro pecado, vestidas y restauradas a un lugar en una correcta relación contigo a través de Cristo nuestro Señor, en cuyo nombre oramos, amén.
Carmen: Nancy continuará con este tema mañana en “Las semillas de nuestra extinción”.
Cuánto amo enseñanzas sólidas como esa. Hemos visto cómo los conflictos entre hombres y mujeres pueden rastrearse a la historia que leemos en Génesis. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos llevó en este camino. La enseñanza es parte de una serie llamada Fundamentos del Manifiesto de la Mujer Verdadera. Si te perdiste algunos de los mensajes anteriores, puedes escucharlos todos al visitar AvivaNuestrosCorazones.com
¿Qué es el Manifiesto de la Mujer Verdadera? Es un documento cuidadosamente estructurado, construido sobre un fundamento bíblico. Hemos estado analizando estos fundamentos a través de esta serie. El Manifiesto también incluye algunas aplicaciones prácticas, que te muestran cómo vivir el hoy, como una mujer verdadera.
Nancy, apenas puedo esperar para escuchar la manera en que cubrirás las otras partes del manifiesto más adelante este año.
Nancy: Yo también estoy emocionada de abordar esas otras secciones del Manifiesto, y durante cada una de estas series de enseñanza, seguramente querrán tener su propia copia del Manifiesto de Mujer Verdadera. Puedes descargar todo el documento en formato PDF visitando AvivaNuestrosCorazones.com
Luego, quiero animarte a que ordenes un paquete de copias del Manifiesto, en tamaño compacto, para que puedas compartir estas importantes enseñanzas con las mujeres de tu iglesia y otras en tu esfera de influencia. Solo contáctanos en AvivaNuestrosCorazones.com. Aceptamos órdenes desde los EEUU y Canada.
Estoy muy agradecida de que podamos ofrecer recursos como este. Y estoy agradecida de que podamos proveer materiales de apoyo en línea, de forma gratuita, directo a tu computadora. Y estoy agradecida de poder proveer enseñanza bíblica en esta estación de radio. Estas conexiones son posibles gracias a oyentes como tú que ayudan a sostener este ministerio, y no dan por sentado nada de ello.
Si nuestros colaboradores dejaran de ofrendar, esos medios del ministerio rapidamente dejarían de avanzar. De modo que, si te has beneficiado con los recursos de Aviva Nuestros Corazones, quizás ¿querriás considerar hacer un regalo especial en este tiempo? Deseamos continuar transmitiendo en tu área, y necesitamos saber de ti.
Puedes hacer tu donación en línea en AvivaNuestrosCorazones.com o llámarnos, sin cargo a tu teléfono, al 1-800-569-5959, desde EEUU y Canada.
Ahora, ¿Qué sucede cuando los hombres dejan de ser hombres y las mujeres dejan de ser mujeres? Las consecuencias son enormes. Consideraremos este tema seriamente mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.
*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la series de podcast.